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LA CANASTA BÁSICA
Se han fabricado tantos satisfactores para el hombre, que ya ni quien recuerde lo que es simplemente la canasta básica para vivir, pues tal parece que nada es suficiente para que la humanidad se sienta feliz y siempre se desea algo más.
Estamos enfrascados tanto en lo material, en la ropa de marca, en tener la casa más bonita, en el nuevo celular, y tantas banalidades que ahora sentimos que es imposible vivir sin poseer la novedad del momento.
Sin embargo, al olvidar hasta la “canasta básica” en cuestión de alimentación, pues lógico que con más facilidad hemos borrado de la memoria la “otra canasta básica”, la canasta de lo espiritual, de tal suerte hemos dejado de lado lo que debiera ser lo más importante en nuestras vidas, nos hemos olvidado de los valores y principios que otrora regían la vida del hombre, ignorando las enseñanzas que Dios nos dejó a través de la Biblia para enriquecernos el alma y el espíritu.
Por eso Señor, seguro de que a estas alturas, casi el cien por ciento de los hombres estamos faltos de todo lo que plantaste a nuestro interior, es que me atrevo a enviarte la siguiente misiva:
Hola, Dios ¿Cómo estás?… Sé que muy pocas veces pienso en ti y más pocas veces te agradezco lo que me das aun sin haberlo pedido. Pero también sé que eres el Padre de la humanidad y que siempre estás al alcance de una oración, dispuesto para ayudarnos. Por eso…
Te escribo para saludarte y porque además, me ha llegado el momento de tener que surtirme de muchas cosas, pues la “canasta básica” con la que me mandaste a este mundo, se me ha ido agotando a lo largo de los años.
Por ejemplo, te cuento que la paciencia ya se me acabó por completo, igual me ha pasado con la prudencia y con la tolerancia. En cuanto a la esperanza, la verdad es que ya me queda muy pero muy poquita, la imaginación me está escaseando grandemente y me duele decirlo, pero creo que a últimas fechas hasta el frasquito de fe se me está quedando vacío.
Aunque también debes saber que hay cosas de la canasta que ya prácticamente no las necesito, cosas como la dependencia y esa facilidad para hacer berrinches, que tantos corajes y problemas me han ocasionado siempre.
Así que por todo esto, pues quisiera pedirte algunos nuevos productos para mi canasta que ya está casi vacía. Para empezar, te agradecería mucho que rellenaras los frascos de paciencia y tolerancia, pero hasta el tope porque en serio que me hace mucha falta; y de pasada mándame por favor el curso intensivo “cómo ser más prudente”, volúmenes 1, 2, 3 y todos los que haya.
Envíame también varias bolsas grandes, pero de esas “bolsas muy grandes” y repletas de madurez que tanta falta me hace. También quisiera un costal de sonrisas, pero de sonrisas sencillas y sinceras, de ésas que alegran el día a cualquiera.
Te pido que me mandes dos piedras grandes, así como rocas muy pesadas, pues quiero atarlas a mis pies para poder tenerlos siempre bien puestos sobre la tierra. Ah, y si tienes por ahí guardada alguna brújula, no importa el tamaño ni el tipo de brújula, es suficiente con que cumpla el cometido de orientarme para tomar el camino correcto, te lo agradecería mucho.
Regálame otra vez algo de imaginación, pero no demasiada, porque debo confesar que en algunas ocasiones me la tomé en grandes cantidades y terminé por empacharme. Necesito también una fuerte dosis de nuevas ilusiones, y seguro que una doble ración de fe y esperanza me caería más que excelente.
Te pido una paleta de colores para pintar mi vida de arco iris cuando la vea gris y oscura. Me sería muy útil un bote de basura, de esos como alcancía donde no se puede sacar lo que se ha metido, para tirar ahí todo lo que me hace daño.
Por favor, mándame un botecito con pomada de amor y un sobrecito de curitas para sanar mi corazón, porque últimamente han sido muchos mis tropiezos que me han dejado el espíritu muy lastimado y tengo el corazón lleno de raspones.
Te pido una memoria USB, tú sabrás la capacidad de almacenamiento que yo pueda aguantar, porque tengo el cerebro lleno de información y necesito espacio para guardar más en el tiempo que me queda por acá.
Por favor ponme también un concentrado de zanahorias con ese toque grandioso que tú le das, para tener buena vista y no dejar pasar las oportunidades por no verlas. Necesito también un reloj grande, muy grande, para poder verlo a la distancia y cada vez que lo vea acordarme que el tiempo se va sin retorno y no debo desperdiciarlo.
Podrías mandarme muchísima fuerza y seguridad en mí mismo, pues sé que todavía voy a necesitarlas para soportar los tiempos difíciles y poder seguirme levantando cada vez que caigo.
También quisiera un bote de pastillas de esas que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, pues últimamente me siento muy apagado y necesito que me vaya bien en la vida hasta que ya nadie dependa de mí.
Por eso, te pido también unas tres o cuatro toneladas de “ganas de vivir”, para cumplir mis sueños de ser parte importante en la vida de quienes me rodean. Necesito también un bolígrafo con mucha tinta, de esa tinta eterna que usas tú, pues sé que todavía me faltan por escribir muchos logros y muchos fracasos.
Y ya con la “canasta” recién surtida, pues te pediría más que nada, que me des mucha vida para alcanzar todo lo que aún tengo en mente, y para que el día que me vaya contigo, tenger algo que llevarte y veas que no desperdicié el tiempo aquí en la Tierra.
Te agradezco lo que me puedas mandar y te agradezco el doble, todo lo que me mandaste la primera vez y que no supe administrar bien… Amén.DE REFLEXION 588

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