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DE REFLEXION 574SEÑOR… HAZ QUE LOS CANDIDATOS SEAN SANTOS

Perdón Señor por venir a molestarte, pero ante tanto desorden, inseguridad, violencia, corrupción, desesperación e impotencia, se me ha ocurrido una gran idea. Creo que sería bueno y nos enviaras algo así como un Santo que se encargara de acabar con todo ese desastre.
¿Y sabes Señor? Pienso que tal vez yo podría servirte para eso, por ello es que te digo aquí en cortito, que aquí estoy y me ofrezco para ese empleo, que considero, bien pudiera cumplirlo al pie de la letra, sin quitarle ni ponerle según las instrucciones que tú me des.
Me atrevo a ofrecerme para ese empleo, aunque sé perfectamente que mi currículum a la fecha no es para nada el más adecuado, pues a pesar de tanto desencanto, en el mundo hay muchas personas que algunos consideran casi perfectas.
Sin embargo, yo Señor, lo que te he dado, más bien lo has tomado tú mismo sin pedirme autorización alguna y, lo más que yo he hecho, ha sido aceptar tus disposiciones sin protesta alguna, salvo algún berrinche y una que otra lágrima.
Sé también que hay en el mundo muchos otros que se han propuesto corregir su pensar y su actuar, deshaciéndose en su persona de al menos un defecto cada semana; y cuando logran seguir por ese camino, están benditamente condenados a ser cada vez más perfectos.
Pero también sé que yo no soy lo suficientemente fuerte para hacer eso y la verdad que hasta dudo en seguir adelante, si acaso después de la primera semana. Es que soy tan impulsivo, tan aferrado e incorregible Dios mío.
Así que debo ser sincero, firme y dejar claro con lo que puedo dar para el empleo al que me estoy ofreciendo: No puedo deshacerme de mis defectos y es más, prefiero quedarme con ellos, pero me prometo usarlos lo menos posible en los años que me queden por delante.
Y no quiero que mis palabras parezcan excusas ni buenas razones, pero es que las personas perfectas tienen tantas cualidades, que pienso ya no hay sitio en su alma para otra cosa y por eso, al tener su alma tan llena de gracias y cualidades, ya no tienen lugar para algo más y, pues así nunca llegarán a ser Santos.
Además, creo estar cierto que tampoco tienen ganas de ser Santos, ya que con tanta cualidad en su interior, seguramente se sienten temerosos de ser faltos de humildad y no se arriesgan a fallarte Señor.
Sí Señor, hay tantas personas que luchan por un lugar cerca de ti, pero de eso a ser un Santo, yo creo Señor, que hay una distancia inalcanzable, y más bien se pudiera aspirar a algo así como ser un vaso vacío, un vaso que solo tú puedes llenar con tu gracia, con tu santidad y el desbordante amor de tu corazón.
Y entonces Señor, creo que ahí sí puedo acomodarme, sin muchas cualidades, sin muchas cosas de las que pueda sentirme orgulloso, sino más bien como un vaso vacío, sin nada valioso en su interior, si acaso un puño de fango estancado en el fondo del vaso.
Sé que esas impurezas y suciedad al fondo del vaso no son nada para presumir y por el contrario, la falta de pureza y de transparencia debiera dolerme y darme pena.
Lo sé muy bien Señor, pero también me da vueltas en la cabeza esa idea de que seguro y tú tienes por allá alguna especie de detergente celestial, algo que fácilmente limpiaría por completo ese fango al fondo del vaso vacío que yo soy; y entonces sí Señor, estaría listo para ese empleo que te solicito como una especie de Santo.
Pero, Señor, si tú tampoco quieres eso de mí o ya estoy tan enfangado que no puedo acceder a tu detergente celestial, o de plano no me creaste para ello, pues bien mi Señor, no insistiré más en eso, solo diré que mi propuesta va en serio y tal vez valdría la pena que pensarás en ella.
Sin embargo mi Señor, luego pienso que aunque tú me limpiaras y borraras por completo mi pésimo currículum, no estaría en condiciones de competir para ganar el lugar de ser quien se encargue de acabar con todo el desastre que te comentaba al principio, con tanto desorden, inseguridad, violencia, corrupción, desesperación e impotencia.
Por ello Señor, te pido –y espero que el resto de los mexicanos también te lo pidan- que a los actuales candidatos sí les dieras una limpiadita con ese detergente celestial de que hablamos, a todos los que ahorita están en la competencia por la Presidencia de México, para que cualquiera que sea quien gane, se comporte como yo quisiera hacerlo en ese empleo para el que me he ofrecido ante ti, una especie de Santo que ponga las cosas en su lugar y termine con el desastre en que vivimos.
Por otra parte, me atrevo también a pedirte mi Señor, que me ilumines para no equivocarme de nuevo y ahora sí, votar por quien tú elijas como depositario de tu detergente celestial. Y perdóname por molestarte con mis ideas –buenas o malas- pero de paso te pido que también ilumines a todo el pueblo mexicano para que su voto sea certero.
De nueva cuenta te pido perdón Señor por mi atrevimiento al hacerte estas peticiones; y para no seguir de inoportuno, solo te ruego que la próxima ocasión que vayas a tu bodega, acuérdate que en esta porción de tierra llamada México, tienes un pequeño vaso a tu disposición para ser usado como tú lo decidas y por quien tú lo decidas.
Pienso que no es mucho lo que requerimos, tal vez ni siquiera la perfección de un Santo que esté al frente del país, sino alguien que lleno de defectos como cualquier ser humano, siga viviendo con esos defectos pero los use lo menos posible durante su mandato.
Y si pudiera ser que pensara como todo hijo que le pide a su padre lo que necesita con la seguridad de que su padre todo lo puede, pues entonces Señor… haz que los candidatos sean Santos…

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