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DEL PLATO A LA BOCA… SE CAE LA SOPA

DE REFLEXION 582Cierta vez, una rana vivía solitaria en un gran charco entre el monte. Solo conocía algunos animales que de vez en cuando llegaban al charco a beber agua y veía los pájaros que también ocasionalmente se posaban sobre el agua para saciar su sed.

La rana no era nada tonta, pues vivía viendo salir el sol por las mañanas y hasta que caía por las tardes al otro extremo, notando como los animales llegaban y luego desaparecían de ahí, por lo que sabía que existía algo más que el charco y la ilusión de ir más allá le ganaba día tras día.

Deseosa de conocer el mundo más allá del cenagoso charco, llegó el momento en que se decidió, salió del charco a tierra firme y llena de esperanza emprendió el viaje por el polvoriento camino, pero no contaba en toparse con barreras que serían prácticamente imposibles de cruzar para ella.

Y así fue que en su camino se encontró de pronto con un enorme lago que a la desconsolada rana le pareció infinito al ver sobre su superficie el hermoso reflejo azul del cielo. Pero la rana era perseverante, con mucha iniciativa y además pensaba en sus adentros que era más abusada que cualquier barrera que pudiera interponerse en su camino.

Estaba frente al inmenso lago viendo de un lado a otro, cuando escuchó el graznido de dos gansos que volaban muy bajo cerca de ella y de inmediato les gritó: Ey gansos!! Por favor bajen, tengo algo importante que hablar con ustedes. ¿Qué quieres rana? -contestó uno de los gansos acercándose a ella-…

Necesito cruzar el agua, por favor ayúdenme y les estaré eternamente agradecido ¿Podrán hacerlo?… Depende –volvió a contestar uno de los gansos- ¿Qué tenemos que hacer para ayudarte?… tomando una vara delgada, la rana les explicó: Solo es cuestión de que lleven esta vara hasta el otro lado de este gran lago, yo me agarraré con la boca de la vara y así cruzaré con ustedes el lago.

Sin ningún recelo y con la mejor disposición de ayudar a la rana, ambos gansos agarraron con sus picos los extremos de la vara; la rana se instaló cómodamente mordiendo el centro de la vara con su enorme boca verde y a viajar por los aires para cruzar el gran lago.

Sin embargo, en medio del lago estaba una pareja pescando a bordo de un bote y vieron el singular espectáculo de los gansos llevando a la rana bien agarrada con la boca de la vara, y la dama no pudo ocultar su asombro exclamando: ¡Mira eso querido!, el par de gansos transportan a una rana bien prendida de una vara. En verdad que los gansos son muy inteligentes!!

El comentario llegó hasta los oídos de la rana, quien se hinchó de orgullo y de plano no pudo aguantarse, por lo que gritó fuertemente para que la pareja alcanzara a oírla: Sí!! En verdad que esto es grandioso, pero las aclaro que fue mía la idea de este viaje…

Y zas!! Apenas abrió su tremenda boca la presuntuosa rana y… Fin del viaje… Obviamente en cuanto soltó la vara se fue en caída libre directito al centro del lago… y se acabó el intento por alcanzar sus sueños. La rana ya sentía el aroma de nuevas tierras, ya sentía el triunfo en sus manos, pero por andar de “bocona” la vida le cobró muy rápido la fractura.

Lo señala un pasaje de la Biblia: “Tras el orgullo, viene el fracaso; tras la altanería, la caída”…

Claro que el asunto de la rana es una historia ficticia, pero no es ficticia la lección que esto nos enseña, los engreídos nunca progresan y si algo logran, no les dura mucho el gusto por no saber conducirse por los caminos de la vida con humildad, sin andar presumiendo cada nuevo peldaño que escalan en el camino de alcanzar sus objetivos; y si no, pues que le pregunten a la rana de nuestra historia.

Esta historia es lo mismo que señala el refrán popular: “Del plato a la boca… se cae la sopa”… Y viene al caso por el sinnúmero de personas, hombres y mujeres de todas las edades que incursionaron por primera vez en los asuntos de la política mexicana; y de quienes ya estaban dentro de este ambiente, pero por primera ocasión les toca disfrutar el aroma del triunfo y la enervante sensación de formar parte de una élite política que algunos ni siquiera imaginaban que podrían lograr.

Y fue igual para muchos candidatos desde regidores hasta senadores que simple y sencillamente les tocó en suerte subirse a tiempo en la “Ola AMLO”, que los llevó al triunfo arrasador; como para muchos más que formaron parte de los equipos de apoyo y que ahora lógicamente se sienten con todo el derecho de ocupar uno de los miles de puestos como funcionarios, sean del nivel que sean.

Es pues, disfrutar la sensación del triunfo y deleitarse con el olor de la victoria; pero de una victoria que finalmente nos regresa a la realidad cotidiana y como parte de la naturaleza humana, llegan los enconos, las patadas bajo la mesa, las zancadillas y la lucha de los mismos que ganaron campañas agarrados de la mano, pero ahora peleando entre ellos por los cargos alrededor de los políticos ganadores en los ayuntamientos, congresos, el senado y hasta en la presidencia de la república.

La gran mayoría de las promesas de campaña a los colaboradores cercanos y a otros no tan cercanos, al igual que las promesas hechas al pueblo entero que los hizo ganar con el voto, quedan en eso… en promesas que ahora los ganadores se dan cuenta no podrán cumplir, o que simplemente nunca pensaron en cumplir.

Y vienen con ello las decepciones, los arrepentimientos y señalamientos de todo tipo; cuestiones que en realidad siempre han sido así, pero que los noveles políticos -o aspirantes a políticos- tardarán un tiempo en digerir, y quizá en eso se les vayan los tres próximos años, en encontrar su justo lugar dentro de la organización o grupo al que pertenecen o creen pertenecer; o…

En quedar fuera de ese grupo, dada su incapacidad para el trabajo en equipo, para relacionarse con el resto de la sociedad con humildad, con honestidad y transparencia, con un verdadero espíritu de servicio; pues aunque esa es la política que pregonó López Obrador en su campaña y que se supone deberán poner en práctica todos los que ganaron en las urnas bajo “su manto protector”…

Finalmente no deja de ser política a la mexicana y por más que sientan la seguridad de estar bien agarrados de la más firme vara, no deben olvidar que igual que le pasó a la “bocona” rana… del plato a la boca… se cae la sopa…

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